Ese día, en la Francisco Villa, se demostró que la reconciliación nacional no es un discurso: es una práctica que nace en los barrios, en las colonias, en los espacios donde la gente se organiza para vivir con dignidad.
La tribuna matinal, que era bocina oficial y cadalso de ejecuciones, bajo el compromiso de protección e impunidad a los familiares y cómplices de López Obrador, se ha transformado en sala de tortura para la Presidenta, en diario y frustrado intento por minimizar y justificar la corrupción que corroe al régimen.
...No nació para ser héroe. Nació para ser justo. Y eso, en este país, es más raro y más peligroso.
Los sondeos de opinión muestran hoy a los canadienses aglutinados y orgullosos de un mando con altura y visión de estadista, dolorosa comparación para nosotros, con una población que compadece a la primera Presidenta como víctima y no la ve como líder.
Una solución viable a la crisis generada en Coahuila por el obradorismo con la quiebra de Altos Hornos es negada por una suma de factores económicos adversos. No obstante, sigue la lluvia de promesas sin sustento a los trabajadores, mientras en las tinieblas del poder se mueven interesados en “salvar AHMSA” con la venta al kilo.