Una tras otra, crisis y problemas van en seguidilla en el día a día del gobierno federal. La más reciente apaga la atención sobre la anterior, encubriendo falta de soluciones de fondo y de prevenciones hacia el futuro, porque las autoridades parecen avanzar a salto de mata.
El bajo nivel moral con que se conducen los principales funcionarios del gobierno federal quedó nuevamente evidenciado en la mentira, la manipulación y el cinismo que rodearon hechos graves como la contaminación del Golfo de México y el abuso de Marcelo Ebrard.
La reforma al artículo 127 constitucional pretende imponer un tope a las pensiones financiadas con recursos públicos. El argumento es la austeridad. Pero la austeridad, cuando se usa como arma, siempre apunta hacia abajo. El problema no es el tope. El problema es la retroactividad. El intento de aplicar nuevas reglas a quienes ya cumplieron con todas las anteriores.
En un mundo con la feble estabilidad trastocada, principalmente en el campo económico, la crisis generada por Trump -y las manos que mueven la cuna tras su figura-, ponen en duda la confianza que proclaman el gobierno federal y la cúpula de la IP sobre la compleja renegociación del tratado trilateral.
Transcurrido los primeros 18 meses de mandato, período en que normalmente se marca, para bien o para mal, el derrotero de un gobierno, no es posible visualizar decisiones de Claudia Sheinbaum que avizoren mejor futuro para México. Por el contrario, ha gastado el inicio en defender al pasado sexenio, encubrir a sus actores y continuar el retroceso democrático, mientras suman las crisis que la acosan.